Las piezas de Lamai se hacen en nuestros propios talleres. Hay dos: uno en Pamplona, dentro de la misma tienda, y otro en Madrid. No son espacios abiertos al público, porque son sitios de trabajo, pero forman parte de la marca tanto como el escaparate.
Pintar a mano, pieza a pieza
Esto es, en una imagen, todo el asunto: un pincel fino, una pieza del tamaño de una moneda y el pulso de quien lleva años haciéndolo.
Cada joya se pinta a mano sobre resina, y después se monta en plata. No hay estampación ni tirada: hay alguien pintando, una detrás de otra.
Nada de esto sale de una máquina.
Pamplona
El taller de Pamplona está en la propia tienda. No es un detalle menor: significa que lo que se ve en las vitrinas se ha hecho a unos pasos de donde se vende, y que quien pregunta por una pieza está preguntando en el sitio donde se hizo.
Madrid
El segundo taller está en Madrid. Tampoco se visita, y tampoco tiene escaparate: es solo un sitio donde se trabaja.
Que estén en dos ciudades no es una estrategia de expansión ni nada que se le parezca. Es, sencillamente, donde vivimos y donde trabajamos.
Por qué enseñamos esto
Porque «artesanal» se ha convertido en una palabra que cabe en cualquier etiqueta. Se pone, no cuesta nada, y ya no distingue gran cosa.
La diferencia, cuando existe, se ve en el banco de trabajo. Por eso preferimos enseñarlo a explicarlo: los pinceles gastados de usarlos, las piezas a medio pintar y las pruebas que se quedaron por el camino cuentan esto mucho mejor que nosotros.
No hay nada espectacular que ver. Un taller de verdad es un sitio bastante corriente, con buena luz y mucho silencio, donde alguien lleva horas con la misma pieza entre las manos.
Justamente por eso merece la pena enseñarlo.
Si te ha entrado curiosidad por alguna pieza o quieres preguntarnos cualquier cosa, escríbenos. Contestamos desde el taller.